Hablar de estrategia implica ingresar en una maraña de situaciones, la mayoría de las veces el termino es aplicado con propiedad, otras veces no tanto, al punto que se ha acuñado aquella frase…
“Si cada vez que se utiliza erróneamente la palabra estrategia cayera del cielo un ladrillo, no se podría caminar por la calle sin llevar un casco”
Ciertamente existe un abuso de la palabra y sus adjetivos asociados, es frecuente encontrar que se utilice la palabra estratégico como un adjetivo sinónimo de la palabra importante, otras veces para indicar que algo carece de explicación sencilla y debe mantenerse oculto bajo siete llaves.
Para quien no forma parte del círculo “estratégico” de la organización, es bastante complejo y desafiante articular una explicación si esta no ha sido lo suficientemente comunicado y comprendido, caso contrario lo único que se puede percibir son las consecuencias de las “decisiones estratégicas”.
Adicionalmente existen varias acepciones e interpretaciones de la palabra
estrategia, Jean Paul Sallenave
[1] por ejemplo sugiere que la
estrategia no es sólo competitiva, sino que tiene implicancias sociales, económicas e incide en la política interna de la organización.
Al hablar de
estrategia ingresamos en la faceta de la dinámica institucional que explica el comportamiento empresarial en el mercado, en términos realistas al menos explica lo que se pretende que suceda en la organización.
En la temática también se mezclan numerosos aportes, algunos de ellos centrados en lo normativo y otros en aspectos más realistas y positivos; al respecto Henry Mintzberg
[2] ha efectuado un abarcativo repaso de las principales aportaciones al tema, identificando fiel a su estilo una serie de escuelas.
Como demostrara Mintzberg la confusión se refiere a que hay veces que hablamos de
estrategia como sinónimo del proceso que la forma, el resultado de los procesos de planificación, la inspiración o el resultado de la interacción de los actores con poder en la institución; finalmente, como si fuera poco la evolución empresarial también afecta su formación.
Al hablar de
estrategia, en su acepción competitiva, implica reconocer varios factores que la vuelven atrapante y compleja, resultando más fácil describir el pasado y el presente que prescribir el futuro.
De manera concluyente podemos afirmar que la mejor
estrategia es aquella que mejor aproveche las capacidades empresariales en función de las situaciones, circunstancias y características del mercado.
Parafraseando a Jean-Paul Sallenave, si resulta difícil pedirle a un individuo que sea coherente y que tenga un comportamiento moral en toda su vida, más desafiante aún requiere pedirle esto a una organización.
[1] Jean-Paul Sallenave – Gerencia y Planeación estratégica (Norma, 1990).
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